En la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), un grupo de compañeros y yo, estudiantes y profesores de la Escuela de Ingeniería, nos propusimos reducir el malgasto energético y mejorar la eficiencia de recursos en nuestro campus. Motivados por la crisis climática y con ganas de innovar, nos lanzamos a este proyecto con mucho entusiasmo.

Empezamos recopilando datos sobre el uso de energía y la utilización de espacios en nuestra escuela. Cada uno se enfocó en un área: consumo energético, uso de aulas y eficiencia de equipos. Luego, investigamos cómo otras universidades habían enfrentado problemas similares, entrevistando a administradores y recopilando información valiosa.

Con toda esa información, desarrollamos una propuesta para implementar sistemas de iluminación eficientes, optimizar la climatización y reorganizar horarios para un mejor uso de las instalaciones. Comparando nuestra propuesta con la situación actual, consideramos costos, ahorros a largo plazo y mejoras en la experiencia educativa.

Finalmente, presentamos nuestro proyecto a la administración de la UAB, con un informe detallado y gráficos que mostraban claramente los beneficios. El éxito de nuestra propuesta no solo mejoró la eficiencia energética de nuestra escuela, sino que también inspiró a otros departamentos a considerar iniciativas similares. Esta experiencia nos enseñó el poder de la colaboración y el uso de datos para lograr cambios significativos, beneficiando a nuestra comunidad universitaria y al medio ambiente.

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